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miércoles, 26 de octubre de 2016

Miel en tu cocina

Este alimento, fabricado por las abejas, es uno de los más completos en cuanto a valores nutricionales. Consumido desde la antigüedad. es por ello que su uso ha llegado a la cocina, aplicada en miles de recetas tradicionales, para condimentar y como complemento.
La miel es un perfecto sustitutivo del azúcar, además de poseer menos calorías, puede endulazar distintos platos siempre con una mejora en la salud de lo que nos puede aportar el azúcar de forma general. Debido a que es el primer y único edulcorante que existía en Europa, su uso en repostería ha sido generalizado tanto por la cultura occidental como por la árabe. Además su textura ayuda en la realización de pasteles, gracias también a que mantiene la humedad de estosy ofrece una gran ayuda para esponjar las masas.
En la cocina tiene muchos más usos. Pues además de en repostería, se mezcla con otros ingredientes para aportar aromas y sabores que combinan los salados con los dulces, se incorpora en los guisos y se puede tomar directamente con pan, tostadas, acompañando a frutas y quesos, y muchas personas lo incorporan en el café. También hemos visto como grandes primeros platos como carnes y asados pueden tener un toque diferente con un poco de miel. 



Según la Fundación Española del Corazón, la miel es altamente recomendable, tiene pocas proteínas algo indicado en cierto tipo de dietas. Entre sus compuestos, destacan los azúcares, ácidos orgánicos (cítrico, láctico, fosfórico…), las vitaminas C y las de tipo B, ácido fólico, diversos minerales, como fósforo, calcio, magnesio, silicio, hierro, manganeso, yodo y zinc, y los aminoácidos esenciales, además de flavonoides, polifenoles y enzimas. 

Los principales beneficios de la miel

Las vitaminas y minerales antes especificados ayudan a mantener al organismo en perfecto orden. La miel artesanal natural es la más pura, mejor y la que más ventajas ofrece. Una de sus máximas es que regula el azúcar en la sangre porque la fructosa permite que la glucosa sea captada por el hígado para formar glucógeno.

De esta forma, pasa a la sangra para mejorar la circulación. La Fundación Española del Corazón también apunta a que es un gran aporte de energía y suele recomendarse para deportistas, niños en crecimiento y para aquellas personas que padecen anemia. Ello es, en parte, por su riqueza en macro y micronutrientes, mientras que ayuda al organismo a restablecer el ritmo de actividad habitual que se necesita. 

En uso cosmético y para mejorar la belleza de la piel, la miel es un perfecto aliado para acabar con los puntos negros y el acné. Por ello, muchos productos usados en tratamientos de estética llevan miel, igual que cuando nos hacen un masaje con aceite esencial o aplicando la miel directamente en la piel.
Este condimento reduce el pH de la superficie de la piel porque su acidez mata los microbios que se sitúan sobre la epidermis. Además, ayuda a reparar y restaurar la piel seca al contener ciertas propiedades curativas.
Cuando estamos resfriados, siempre nos recomiendan miel, junto a limón o agua. Es buena para las vías respiratorias, con inhalaciones de miel unos cinco minutos para limpiar estas vías. Es una solución para aquellas personas que padecen asma o bronquitis al facilitar su respiración. Si se mezcla con otros ingredientes naturales, el efecto para respirar mejor es superior.


Tipos de miel

Existen muchos tipo de miel y cada uno puede presentar unas propiedades distintas. Su sabor es algo distinto y pueden también ser empleadas en la cocina para ofrecer nuevas texturas en el paladar.

La miel de flores es la más extendida y popular. Está realizada del polen de diferentes especies de flores, y suele utilizarse para mejorar el sistema inmune acabando con el asma, las alergias y los resfriados. 

Por su parte, la miel de espliego ofrece un perfume sin igual y aporta calcio, limpia los pulmones y mejora la digestión. La miel de romero tiene un color algo mas claro que el resto, y es recomendada para combatir el estrés y las úlceras de estómago.

A lo largo del año seguiremos hablando de la miel, sus propiedades y los distintos tipos de miel que existen.

jueves, 4 de agosto de 2016

El Titanic del Mediterráneo. 110 años del hundimiento del Sirio

El 4 de agosto de 1906 el vapor italiano Sirio embarrancó en los bajos de los Islotes de las Hormigas, frente a Cabo de Palos, hundiéndose tras una violenta explosión. A lo largo de los días siguientes la mar estuvo vomitando cuerpos sin vida sobre la playa hasta completar el triste balance de 242 muertos y desaparecidos. Aunque la cifra real podría situarse en más del doble.

 

El Sirio fue la apuesta de la prestigiosa naviera italiana Reggio para disputarse con las compañías españolas los beneficios de la emigración al continente americano en los albores del siglo XX. Se trataba de un buque de 115 metros de eslora, siete mil toneladas de desplazamiento y capacidad para 1.300 pasajeros.
El buque zarpó de Génova el 2 de agosto con destino a Argentina y escalas oficiales previstas en Barcelona y Cádiz. Al día siguiente atracó en la Ciudad Condal, donde incorporó alrededor de 90 viajeros, y siguió viaje con sus 120 tripulantes y 731 pasajeros, de los que 661 se hacinaban en tercera clase, la mayor parte de ellos emigrantes sin recursos que viajaban con sus familias en busca de una vida más desahogada.

Estos números constituyen la cuenta oficial del barco de aquella desdichada navegación, por desgracia la cantidad real de pasajeros debió de ser sensiblemente mayor, si tenemos en cuenta la costumbre muy extendida en la época de embarcar pasaje de forma ilegal a costa de sobornos a las autoridades en puerto, marineros, oficiales e incluso a los capitanes. Hoy sabemos que después de tocar en Barcelona, el Sirio fondeó frente a Alcira y que tenía previsto embarcar más emigrantes en Águilas, Almería y Málaga. En el momento de su hundimiento es probable que hubiera el doble de la cantidad de pasajeros declarada por el capitán Giuseppe Picone, un viejo lobo de mar con más de 46 años de servicio a sus espaldas.

La travesía resultaba prohibitiva para la economía de la mayoría de emigrantes que, irónicamente y para tratar de huir de la pobreza, debían invertir en un billete los ahorros de toda una vida. Pero había otro recurso: bastaba el pago de una pequeña cantidad al capitán para ser admitido a bordo, un engaño en cualquier caso, pues ese pequeño dispendio ponía en marcha otros, como el pago a los remeros que los recogían en la playa, a los cocineros por un bocado o a los marineros por un saco de paja para dormir en la bodega rodeados de ratas. En el puente de gobierno, el capitán Picone hacía la vista gorda mientras calculaba el rumbo a la siguiente playa donde pudiera encontrar cualquier infeliz desesperado con un poco de dinero en los bolsillos. Ciertamente, nos permitimos añadir que la historia se sigue repitiendo a día de hoy pero contracorriente.

Buque Sirio en el puerto de Génova

 EL NAUFRAGIO


El tiempo soleado y la mar tranquila invitaban a los pasajeros a una apacible tarde de sábado en cubierta; sin embargo, mientras la mayoría descansaba tras la comida, el barco dio una sacudida tremenda y quedó varado sobre unas rocas. Al ruido ensordecedor de las planchas de la quilla al abrirse siguió el del agua penetrando violentamente a bordo. 

Y es que apenas pasadas las 16.00 horas del 4 de agosto, comenzó todo. A unas pocas millas de Cartagena, el "Sirio" navegaba próximo a las costas del siempre díficil Cabo de Palos. Lo hacía con una trayectoria peligrosamente cercana a ellas. Algo osado incluso para un experto marinero como el capitán del buque. Pero un mar calmo y sin viento tentaron a la osadía de los gobernantes del Sirio. Según relata "Caras y Caretas", "El sol iba declinando y la refracción en las aguas impedía distinguir la isla de las Hormigas, punto de orientación más inmediato".

Según otro relato, en el puente el oficial de guardia observó con sus prismáticos que las islas aparecían a proa, ligeramente por estribor y a algo menos de una milla. Esperaba impaciente la llegada del capitán Piccone. Avisó que estaban llegando al punto de recalada, cuando a menos de 1.500 metros de la costa se produjo la catástrofe. En aquellos momentos el "Sirio" navegaba a 15 nudos, unos 28 km. por hora, según algunos autores, a 17 nudos según otros. "Il quattro agosto, alle cinque di sera / nessun sapeva il suo triste destin / Urto' il Sirio un terribile scoglio / di tanta gente la misera fin...".

Se escuchó un estruendo ensordecedor "y una espantosa sacudida..." ocasionados por las planchas del fondo que se destrozaban contra la cima del Bajo de Fuera, un pináculo submarino de 200 metros de largo que asciende desde los 70 metros de profundidad hasta sólo 3 de la superficie, invisible y mortal obstáculo donde el barco quedó asentado. Aplastados por la masa de agua que ingresaba con enorme fuerza y rapidez, en la sala de máquinas los tripulantes no tuvieron ninguna oportunidad.
Columnas de vapor de agua impulsadas a gran presión comenzaron a surgir por grietas que se abrían en la cubierta de popa, que se hundía poco a poco y donde viajaban los pasajeros de 1a clase.
Pocos momentos transcurrieron hasta el instante en que estallaron las calderas, sembrando la muerte y destrozando las cubiertas ubicadas sobre ellas. El navío se elevó de popa para luego caer -una especie de sube y baja sobre el escollo-, hundiéndose por completo ese extremo en 15 minutos, en tanto que desde mitad del casco hacia proa emergía de las aguas, con una escora hacia estribor de unos 35°.
Tras el impacto, muchos se vieron arrojados al suelo sin tener conciencia de lo sucedido. Algunos gritos comenzaron a romper el silencio que siguió al brutal choque.

 
En apenas diez minutos la popa quedó completamente sumergida y empezó a tirar del resto del barco hacia el fondo; aprovechando la confusión, el capitán Picone agarró la caja fuerte y embarcó en un bote con los oficiales, abandonando al pasaje a su suerte. El pánico se hizo dueño del barco, los pasajeros no habían sido adiestrados para ese tipo de emergencias y sin nadie que los guiara corrían como locos por el barco entre gritos, llantos y maldiciones. Se vivieron algunas escenas de heroísmo, aunque para desgracia de muchos se impuso la parte más sórdida del género humano y los más débiles, incluyendo mujeres y niños, fueron desposeídos de sus salvavidas a la fuerza.
Desde la playa muchos veraneantes fueron testigos improvisados del naufragio, que tuvo lugar a escasas tres millas de la costa. De manera espontánea se organizaron para auxiliar a los náufragos que trataban de llegar a tierra agarrados a cualquier objeto que flotara. Cuando la noticia llegó a la vecina Cartagena, una docena de lanchas de pesca salió en auxilio de las víctimas. Entre los pescadores y el farero de la isla consiguieron salvar a más de 600 personas. Lamentablemente y mientras el barco permaneció en sondas accesibles, otros se dedicaron al pillaje y al bochornoso saqueo de los equipajes. Cuando al fin pudo organizarse el rescate la mayor parte de los objetos de valor había desaparecido.


Cartagena dio todo el apoyo preciso a los náufragos a base de donativos, comida y ropa. Desde el primer momento la ciudad fue testigo de escenas de intensa emoción cuando los supervivientes se encontraban con sus familiares o conocían la fatal noticia de la muerte de un ser querido. Un joven contaba emocionado como había salvado la vida gracias al obispo de Sao Paulo, que le había dado la bendición antes de entregarle su chaleco salvavidas. El cuerpo de este religioso apareció un mes más tarde en las playas de Argelia. Una anciana que había acudido al muelle de Barcelona a despedir a su familia se suicidó al saber que todos habían muerto ahogados.


En el juicio que siguió al hundimiento el capitán Picone atribuyó la desviación del rumbo a las corrientes y a la alteración de la brújula como consecuencia de las minas de hierro en tierra. Explotaciones que estaban localizadas en la bahía de Portman donde el capitán tenía prevista otra parada para recoger más tripulación. Sin embargo las autoridades italianas encargadas de las investigaciones del siniestro concluyeron que, desde hace bastantes viajes, los tripulantes del Sirio venían lucrándose con el embarque clandestino de emigrantes. La temeraria desviación que terminó por encallarlo y hundirlo se debió al intento de recuperar el tiempo perdido en el fondeo de Alcira y a la búsqueda de alguna playa de la Región de Murcia, próxima al lugar de la catástrofe, en la que hacer más lucrativo el "negocio" del capitán.

 

jueves, 21 de julio de 2016

La verdadera historia del Cantón murciano de Cartagena

La asombrosa historia de el cantón de Cartagena sólo resulta explicable desde el entendimiento de un año insólito: 1873.
Hubo entonces una crisis económica que motivó huelgas, ocupaciones de tierras y manifestaciones, así como dos guerras simultáneas con los separatistas cubanos y con los rebeldes carlistas del norte de España. La inoperancia del Ejército llegó al extremo de disolverse el Cuerpo de Artillería.

Carente de apoyos, el 11 de febrero de 1873 el rey Amadeo I renunció al trono de España y se volvió a su Saboya natal. Las Cortes generales proclaman la Primera República y se nombra Jefe del Estado a Estanislao Figueras, mientras que los federalistas de numerosas poblaciones se constituyen en Juntas revolucionarias y se auto-gestionan, ignorando al Gobierno de Madrid por considerarlo tibio.
El proyecto de nueva Constitución era debatido entre los federalistas “benevolentes” (que pretendían una división territorial basada en los antiguos reinos históricos), y los federalistas “intransigentes” (partidarios de organizarse al estilo de Suiza, cantones de implantación provincial que libremente se integrasen en la República).

De esta manera. el terreno queda abonado para que los movimientos cantonales surjan por todda la península. Sin embargo, son las zonas rurales pero con una burguesía revolucionaria las que toman la delantera en este aspecto. El 9 de julio la ciudad alicantina de Alcoy tiene el honor de ser la primera en declarar su independencia de España. Unos tres días después Cartagena imita a los ciudadanos alcoyanos y declara el Cantón Murciano de Cartagena ya que su objetivo primero no se limitaba a independizar sólo la ciudad portuaria sino toda la provincia así como otras zonas estratégicas del sureste español. Algo que hoy e día ha sido y esta siendo tergivesado maliciosamente por algunas fuerzas locales de la ciudad cartagenera que mueven la historia a su antojo.

Dicho esto también queda por desmitificar otra de las leyendas del Cantón Murciano de Cartagena, la bandera. La bandera turca teñida con sangre de un voluntario en el castillo de Galeras es una  escena muy romántica y patriotica del gusto de la época. "En las Jornadas de Historia sobre el Cantón Murciano que tuvierón lugar los días 26 y 28 de abril de 1993 Jose Mº Rubio Paredes y Joaquin Alcaraz Quiñonero en su exposición titulada "El cantón murciano a través de un epistolario inédito: quince cartas de Manuel Sabater" en la carta fechada el 19-4-1917 expone:(...)le he de manifestar que la información que ha recogidorespecto a la bandera turca enarbolada al iniciarse la revolución en Cartagena en el año73, es errónea por parte del que le ha referido el hecho, tal vez de buena fe, pero sinhaberlo presenciado y por referencia, o bien una patraña, con fines que no quierocalificar, para que sirva de burla a los que fueron enemigos de aquel grandioso movimiento.Como prueba de ello, le diré que el 11 de julio de 1873 por la tarde compré demi bolsillo particular media pieza de un género flexible (unos 10 ó 12 metros) encarnado,en un establecimiento de la calle Mayor conocido vulgarmente por «La tienda de losmuchachos», y cuando Sáez, por mi orden, subió a Galeras, le entregué la bandera rojaque las hijas de Oriuño confeccionaron rápidamente, sin saber para qué se destinaba, ycuando un cabo de cañón de la «Almansa» se me presentó al amanecer del 12 diciéndomeque la escuadra no podía iniciar el movimiento y sí recomendarle si la Plaza lo iniciaba,entonces envié un aviso a Sáez para que izara la bandera roja en el castillo".



Y es demasiada sangre habría que verter para teñir la media luna roja y el planeta Venus (la estrella del interior) Una energías que serían más necesarias en el campo de batalla.

En este momento es cuando entra en aparición un personaje fundamental para conocer el moviento cantonal del sureste español y de la indetidad regional. El diputado: Antonete Gálvez

Antonete Gálvez Arce destaca, desde su más tierna juventud, en levantamientos de corte federal y progresista. Cuando era un muchacho entró a formar parte de la compañía de Milicias Nacionales de Torreagüera, y en 1843, ante la sublevación favorable a Narváez en Madrid, hará frente a la columna que se alzaba sobre Murcia al mando del General Ros de Olano, quien resultará victorioso por lo que Gálvez hubo de retirarse discretamente al Huerto de San Blas (Torreagüera), donde contraería matrimonio con su prima Dolores Arce Tomás, con la que tendrá seis hijos.



Antonete Gálvez continúa participando en las conspiraciones del partido progresista, y el 17 de julio de 1854 entra en Murcia al frente de un grupo de hombres reclutados en la huerta, logrando el triunfo de la revolución en esta ciudad. Pero en 1856 un regimiento real restablecería el anterior status quo, obligando a entregar las armas a la Milicia Nacional, auténtica fuerza de choque de los progresistas desde su creación. Gálvez no cejaría en su empeño y de esta manera, en 1868, decidiría apoyar el pronunciamiento del progresista General Prim, que se haría con el control de Cartagena, mientras Antonete hacia lo propio en la ciudad de Murcia, decidiendo así el triunfo de la insurrección en la provincia. Un año después, Antonete protagoniza el emblemático levantamiento republicano en la Sierra de Miravete, teniendo que exiliarse a Orán(Argelia) trás su fracaso, para retornar en 1870 gracias a una amnistía.

En 1868, el ya conocido como león de la Huerta, ve en la revolución cantonal el momento perfecto para llevar a cabo sus ideales progresistas que pasan por una república federal con gran autonomía para los territorios españoles. Ya en la ciudad portuaria, Galvez convenció a la marinería de la moderna flota de fragatas acorazadas atracadas en Cartagena para que se uniera a la rebelión, dejando marchar a los oficiales. Galvez es nombrado por los cantonalistas comandante general de las tropas del Ejército, Milicia y Armada de el cantón de murciano de Cartagena.



Uno de los aspectos más destacados de la participación de Gálvez como Comandante General de las fuezas militares cartageneras, fueron sus expediciones por toda la provincia de Murcia a aquellas zonas que los dirigentes cantonales consideraban usurpadas al "histórico Reino de Murcia", expandiendo el movimiento mediante la formación de Juntas Locales y recaudando tributos para la defensa del cantón murciano habida cuenta los escasos fondos que los oficiales perdonados por los cantonalistas dejaron en la ciudad departamental.

Son los momentos álgidos del moviento cantonal, Murcia, Lorca, Cieza, Jumilla, Mazarrón, Águilas, Orihuela, Torrevieja se unen a los insurgentes cantonales. El moviemento va triunfando debido a que el Gobierno consticional esta sitiado por varios frentes.

Sin embargo, esta alegrñia fue efímera, el 30 de julio llegó a Almería la flota cantonalista del general Contreras. Exigió a su autoridades que pusieran a votación popular el establecimiento de un cantón y que entregaran una ayuda de 100.000 duros. Se negaron los de Almería, produciéndose un intercambio artillero. La flota de el cantón de Cartagena siguió rumbo a Motril (Granada) donde Contreras desembarca y se le rinden honores; curiosamente, a falta de himno adecuado, los músicos interpretaron La Marcha Real. Tras constituirse un cantón aliado, los de Motril convencieron a Contreras para que aceptara unos pagares de 160.000 reales pagaderos en Málaga (donde se había proclamado también un cantón días antes). El 1 de agosto, cuando se dirigían a Málaga para cobrarlo, los barcos cantonalistas fueron apresados por una flota anglo-alemana (conocedora de la declaración de “piratería” del Gobierno de Madrid). Los tripulantes cantonalistas fueron desembarcados, y los buques fueron entregados a la República. El Gobierno republicano tenía tropas atacando al cantón de Valencia. En auxilio de éste acudió Antoñete y sus cantonalistas. El 10 de agosto fue derrotado en Chinchilla (Albacete) por el general Martínez Campos, que le causó 500 muertos. Dos días después los cantonalistas deben evacuar Murcia, refugiándose tras las imponentes fortificaciones de Cartagena. Como la capital murciana otras ciudades procantonales van siendo recuperadas por el Gobierno sin mucha resistencia. El 30 de agosto, las tropas de Antoñete hacen una salida hacia Orihuela (Alicante) donde derrotan a los guardias civiles y carabineros, constituyeron un cantón y se volvieron a Cartagena con el dinero del ayuntamiento alicantino. Para financiarse las autoridades de el cantón de Cartagena deciden acuñar monedas de plata: el “duro” cantonal.



Mientras, en la ciudad la Junta está tomando decisiones como gobierno autónomo. Se forma un "Gobierno Provisional" con distintos ministerios. Se suspende la pena de muerte, se libera a numerosos presos de las cárceles y se mantiene el funcionamiento de las instituciones y servicios públicos. También se publica un periódico oficial: El Cantón Murciano, muestra del sentimiento regionalista de los instigadores del moviemento.

Asediados por tierra por el Ejército, la flota cantonalista hace salidas en busca de víveres y dinero; ahora porta siempre la bandera de la República para evitar sea tomada por pirata por los barcos de guerra extranjeros. Consiguieron sus propósitos en Torrevieja y en Aguilas, y fracasaron en Alicante. El Gobierno envió a los barcos que había recuperado en agosto para evitar que los cantonalistas hicieran más salidas; el 11 de octubre combatieron ambas flotas frente a la bahía de Portman. Los barcos cantonalistas eran más potentes pero estaban mandados por capitanes de la marina mercante, debiendo refugiarse en Cartagena para no ser hundidos. La flota de el cantón de Cartagena hizo una nueva salida cinco días después para restablecer el cantón de Valencia, sofocado en agosto; al salir hicieron huir a los barcos gubernamentales que trataron de bloquearles. De noche, cuando estaban a la altura de Alicante, chocaron accidentalmente dos de sus barcos, hundiéndose uno y muriendo varios tripulantes. En Valencia se apoderaron de los barcos fondeados, pero no consiguen que se sublevase la ciudad.

Mientras tanto, el Ejercito de la República —dirigido sin contemplaciones por los militares monárquicos fogueados en la guerra contra los carlistas— iba estrechando el cerco y bombardeaba cada vez más la ciudad. El 29 de diciembre se incendió y hundió la fragata cantonal Tetuán. pero todavía les esperaba una catástrofe aún mayor a los rebeldes: el 6 de enero explotó el parque de artillería de Cartagena, muriendo más de 300 mujeres y niños que allí estaban refugiados. Fue la mayor tragedia de esta clase ocurrida en España hasta entonces.

Lo que algunos creían que iba a ser un asunto fácil se revela en realidad como una larga y compleja operación. La ciudad, amurallada, con numerosos defensores y bien armados, no está dispuesta a rendirse fácilmente. Durante meses se suceden los enfrentamientos, por tierra y por mar, entre ambas fuerzas. Los ataques de los sitiadores por tierra son rechazados una y otra vez, mientras que la flota cantonal y las baterías defensivas mantienen a raya a la flota gubernamental, que trata de bloquear la entrada al puerto. Las tropas del Cantón hacen varias salidas en busca de víveres y para desbaratar las fortificaciones atacantes. Los combates se suceden. Pero el desgaste se va notando en los sitiados. Los víveres comienzan a escasear y comienzan las desavenencias entre los partidarios de la resistencia a toda costa y los favorables a negociar. Hay deserciones y arrestos y se enrarece la convivencia. Mientras, los sitiadores reciben contínuamente nuevas tropas de refresco, más artillería y armamento.
En esta situación angustiosa tiene lugar otro momento, por llamarlo de alguna manera, curioso. El gobierno cantonal envía una comunicación oficial a Washington... ¡pidiendo que el Cantón sea aceptado como uno más de los estados de la Unión. Al parecer, los norteamericanos llegaron a considerar el ofrecimiento, pero Cartagena cayó antes de que tomaran ninguna decisión.

Sin ninguna esperanza ni fuerzas, el 12 de enero los sublevados se embarcaron en la poderosa fragata Numancia un grupo formado por el cabecilla Antoñete y unos mil de sus seguidores; a pesar de ser perseguidos por la flota de la República consiguieron llegar hasta el puerto argelino de Orán. Atrás quedó Cartagena, con el 70% de los edificios destruidos y dañados. Atrás quedó uno de los momentos más épicos de nuestra Región y que merece ser recordado y revisado para no hacer falsas alegorías segregacionistas.




jueves, 14 de julio de 2016

Los primeros cristianos de La Alberca (Murcia)



Los antecedentes históricos de La Alberca son muy remotos, de los más antiguos del municipio. En las laderas de sus montañas se detectarán los primeros asentamientos de pobladores de Murcia, al situarse en zonas que se mantenían a salvo de las avenidas de los dos ríos que discurren por el valle, además de ser lugares fácilmente defendibles y en los que los nacimientos de agua potable eran numerosos. De estos primitivos pobladores tenemos restos de una necrópolis argárica (2000 años a.C.) cerca de San Antonio el Pobre. De época ibérica también quedan restos que se reparten por toda la ladera montañosa que discurre por las actuales pedanías de La Alberca, Santo Angel y Algezares, concretamente, en el Santuario de la Luz, Santa Catalina del Monte, Cabecico del Tesoro y en la Estación Sericícola... Pero vayamos por partes.


Amanece en el Valle del Segura… los primeros rayos de sol del alba iluminan el antiguo Santuario de la Luz, en la parte exterior al recinto sagrado, los sacerdotes íberos moradores de esta zona santa entonan sus plegarias y bailes rituales entorno a la diosa de la Luz, la fecundidad y la agricultura. De ese odeón o auditorio queda la grada de piedra donde veinte personas presentarían sus ofrendas a la citada diosa… La ceremonia continuaría por  el Dromos hasta una bañera de piedra natural que purificaría a todos los que entraran al templo íbero… todo esto puede verse en la actualidad salvo el propio templo del que sólo quedan cuatro columnas donde se hacían los sacrificios de animales para asegurar unas buenas cosechas… 


Buenas cosechas que aseguraban la buena ventura de los habitantes del primer origen de La Alberca… Bajando de ese Santuario de la Luz esta el paraje de Verdolay donde se encontró una de la mayores necrópolis íberas de España, el llamado Cabecico del Tesoro. Como todos los grandes descubrimientos fue mera casualidad, Verdolay es una umbría donde miles de familias murcianas de primeros del siglo XX acudían para evitar los calores de la ciudad. Entre ellos profesor Cayetano Mergelina. Fue Mergelina quien quedó desconcertado por unos muros de piedra que sobresalían del terreno y que eran usados por los ciudadanos para sentarse y realizar la comida o la merienda de un día de campo cualquiera… La curiosidad esta vez no mato al gato y a las piedras hablaron de 609 tumbas íberas y de un poblado cercano… Los ajuares con los que eran enterrados estos pobladores mostraron la riqueza de un pueblo, el íbero, hasta la fecha considerados primitivos. Vasos decorados con figuras de animales, joyas, espadas íberas llamadas falcatas y que luego usarían los romanos e incluso una escultura de una mujer, la Dama de Verdolay, como la de Elche, pero que esta amamantando a un niño… ¿les suena la imagen?. La matrona murciana procede de La Alberca.

La presencia íbera en la zona se mantuvo hasta casi el Siglo II AC. Otra vez cartagineses y romanos usaron el terreno de La Alberca como una pieza más en su enconada lucha por el control del mundo conocido hasta la fecha…



 Los romanos también se sintieron atraídos por este enclave. Varias villas sacaban el fruto de esta fértil tierra del Valle del Segura… Decenas de villas pero de la que sólo nos ha llegado algunos restos. El más impresionante y de mayor trascendencia es la villa que acompaña a otros impresionantes restos arqueológicos los del Martrium. Tras el Edicto de Milan los cristianos romanos ya no tienen que ocultar su religión y la sacan al exterior. La villa asociada al Martirium debió pertenecer a ricos patricios rurales que podían costear una nueva construcción en su terreno. En la parte posterior construyen una de las primeras iglesias de la Región de Murcia, sencilla pequeña pero con espacio suficiente para que los dueños de la propiedad fueran enterrados en su interior. Sin embargo llama la atención un hueco vacío y que estaría debajo de lo que podríamos considerar el altar de esa primitiva capilla… Quizá fuera el de algún hombre santo, algún personaje religioso de la época, una reliquia o un mártir traído desde la lejana Roma. Quizás nunca lo sabremos los espolios realizados en la zona a lo largo de los años ha hecho que el yacimiento ubicado en la calle de La Paz de La Alberca guarde este y otros misterios para siempre. Curiosamente esos buscadores de riquezas buscaban el tesoro de los moros, una leyenda muy arraigada entre las gentes dela Huerta aunque da la curiosidad de que los árabes nunca pasaron por esta zona del Segura pero eso si le dejaron el nombre popular al Martirium, Los Baños de la Reina Mora…




Los árabes fueron monte arriba, usaron los actuales terrenos de La Alberca como un punto estratégico en la defensa de la nueva Medina Mursiya. Es de esa época, Siglo IX, el Castillo de la Luz, ubicado en un cerro a 438 metros de altura perfecto para controlar el paso sur del Valle y vigilar las minas de yeso de Algezzar (Algezares). La fortaleza tuvo dos recintos suficientes para un pequeño destacamento de soldados, vivieres, armas, caballos y agua. Los muros de argamasa daban cobijo a un torreón que comunicaba visualmente y por señales luminosas con los cercanos castillos de la Asomada, en el Puerto de la Cadena y la ciudadela de Los Garres… En el llano ni musulmanes ni cristianos crearon un gran núcleo, sino que se construyeron algunas torres o casas fuertes y alquerías aisladas, como fueron las denominadas Torres del Sordo, de López Martínez de Zoriot y de Dña. Saurina, que, como señala Merino, al igual que otros lugares de la huerta de Murcia, dependían de la jurisdicción de la ciudad, incluso en lo eclesiástico. Con los repartimientos de tierras realizados tras la reconquista, la mayoría pasaron a ser propiedad de una sola familia que llegó a establecer vínculos de transmisión, pasándose así muy fácilmente del mayorazgo al señorío; concretamente La Alberca era de Doña Violante, esposa de Alfonso X, en 1.272, viniendo a los Dávalos hacia 1.570 .

Antes de que los Dávalos impulsaran este rincón de Murcia otra familia, los Mercader en 1441 erigieron la ermita de Santa Catalina del Monte entregada a la orden franciscana. Esta ermita servía de punto de encuentro para todos los anacoretas y ermitaños que vivían en las cuevas de la cercana Sierra, en ella se daba auxilio espiritual, atención médica y cierta formación académica. La pequeña ermita fue recibiendo más y más monjes con lo que pasó a monasterio franciscano y a atender a la población cercana. Las bondades de su clima también hizo que en sus aledaños los obispos de la diócesis establecieran su retiro de verano, es decir que fueran de veraneo a La Alberca de las Torres, algo que puso de moda durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna a esta pedanía entre las gentes de bien de la ciudad de Murcia

A finales del siglo XVI surge Alberca de las Torres como núcleo poblacional con entidad. La documentación de esta época presenta este poblamiento bajo la denominación de 'el lugar del Alberca' o 'el lugar de D. Gabriel Dávalos', ya que las viviendas se encontraban dentro del perímetro correspondiente a la heredad o finca de D. Gabriel. La construcción de viviendas destinadas a sirvientes, labradores y arrendadores en torno a la Torre de los Dávalos supone el germen de la actual pedanía.


El nombre de 'Alberca de las Torres' deriva de la presencia de altas torres, que ornamentaban la casa del señor del lugar, así como la existencia de una gran alberca o estanque. Esta designación adquirió carta de naturaleza en la escritura del 22 de diciembre de 1628, fecha en la que se segregaba de Murcia y se constituía en Ayuntamiento propio. Posesionado don Gabriel Dávalos del Señorío, se constituyó el primer Ayuntamiento propio de la Villa, al que en la primera mitad del siglo XIX le fue incorporada la antigua diputación murciana de Casas de Saavedra. A causa de la pobreza de la mayoría de vecinos agobiados por los abusivos impuestos que les imponían las autoridades provinciales, tanto civiles como militares, y a petición de un buen número de ellos, sobre todo pertenecientes al distrito de Casas de Saavedra, uno de los tres que formaban el término municipal, dicho Ayuntamiento fue suprimido por Real Orden de 10 de septiembre de 1848 y agregado al de Murcia capital como una pedanía más, quedando don Diego Moreno García su último Alcalde constitucional, como el primer Alcalde Pedáneo que tuvo este pueblo. Es curiosa la circunstancia, de que cuando el Ayuntamiento disuelto presentó sus cuentas al de la Ciudad, el balance de Caja dio un superávit de 1.357 reales y 25 maravedís.

Tras este periodo municipal, La Alberca volvió a depender de la Casa de Dávalos, hasta la muerte sin sucesión del último hijo de esta familia. El Señorío de la Villa a la Casa de Ayala, y por sucesivos enlaces matrimoniales de ésta, a la de los duques de Veragua, Berwick y Alba. Abolidos los señoríos jurisdiccionales, esta última, en la persona de don Carlos María Fitz James Stuart y Palafox, vendió en 1890 las propiedades y derechos sobre los solares de las casas, a don Mariano Palarea, su administrador en Murcia, el mismo que espolió el martiryum.


Mientras los poderosos manejaban los destinos del territorio los huertanos de La Alberca dedicaban su tiempo entre cosechas a una actividad que va ligada a la Huerta deMurcia, la cria del gusano de seda y la obtención de ese tejido que tanta hambre ha aliviado en esta tierra, la seda. Pero mejor volver al presente que las voces de hoy nos hablen de las otras riquezas que ha dado este terreno de seis mil años de historia…